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Geocronología
Charla de Museo, 30 de mayo de 2019

El tiempo es una de nuestras mayores obsesiones. No puede tocarse ni sentirse pero todos notamos cómo se nos escapa de las manos. Ricos y pobres, sociedades avanzadas o grupos aislados del mundo occidental, nadie puede ignorar el implacable tictac del reloj. Y, aunque nos asusta que el tiempo pase demasiado rápido, nos encanta saber qué edad tienen las cosas. Los calendarios fueron uno de los primeros inventos de la humanidad para organizar el tiempo. Los primeros estaban basados en ciclos lunares pero, en la actualidad, la mayor parte de ellos utilizan como referencia el ciclo que describe la Tierra alrededor del Sol. En su afán por “controlar” el tiempo, el ser humano ha intentado, a través de la historia y la geología, reconstruir su pasado organizando el tiempo. Sin embargo, conforme nos alejamos del presente, organizar el tiempo no es tan sencillo como pudiera parecer. Durante siglos, científicos del mundo entero, han dedicado sus vidas a desarrollar diferentes técnicas de datación que permitan resolver algunos de los misterios más inquietantes que ha vivido nuestra especie y nuestro planeta. Nicolaus Steno fue un pionero en su campo y en 1667 formuló la ley de superposición de los estratos: el primer intento de datación geológica. Según esta ley, en una secuencia sedimentaria, las rocas que se encuentran encima son más jóvenes que las que se encuentran por debajo. En el siglo XVIII se desarrolló la dendrocronología, el primer método de datación numérica que permitía averiguar la edad de un árbol contando sus anillos. Desde entonces hasta el siglo XXI se han desarrollado multitud de nuevos métodos de datación como consecuencia del avance de la tecnología y del conocimiento científico. Todos ellos se engloban dentro de la Geocronología, disciplina que ha permitido, entre otras cosas, calcular la edad de nuestro planeta, conocer el momento de extinción de los dinosaurios o determinar cuándo apareció el ser humano.

Davinia Moreno

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Davinia Moreno es doctora en Geocronología por el Muséum National d’Histoire Naturelle (París, Francia) y la Universidad Rovira i Virgili (Tarragona, España). Es miembro del Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA) y responsable del laboratorio de datación por Resonancia Paramagnética Electrónica (RPE) del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) de Burgos. Colabora activamente en numerosos eventos de divulgación científica y es co-directora científica del Periódico de Atapuerca.

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